Lectura
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Sevilla, una enciclopedia de historia
Sevilla,
ciudad de fama universal,
fue, y sigue siendo, un centro
cultural de gran importancia. Ocupada
por los musulmanes durante casi ochocientos años, aún hoy en día mantiene
el espíritu y el arte de la cultura musulmana. Habitada
por distintos pueblos, entre ellos tartesos,
fenicios, cartagineses
y romanos, es una expresión viva de la diversidad de su gran cultura.
Sevilla, cuna de Santa Justa y Santa Rufina, mártires y patronas de
la ciudad, tiene un carácter histórico y religioso. Su magnífica catedral llamada “la grande” por su grandiosidad,
es visitada por millones de turistas durante todas las épocas del año.
Esta obra de arte, herencia de una mezquita árabe, se comenzó a
construir en el siglo XI,
después de la Reconquista, y su edificación duró casi cinco siglos. El estilo predominante de esta catedral es gótico tardío y
también tiene rasgos renacentistas. La
catedral está dividida en cuatro partes:
El Patio de los Naranjos,
la Catedral, el Sagrario y La
Giralda (campanario o torre), el gran amor de todos los sevillanos.
Desde La Giralda, que
en aquella época era la torre más alta del mundo y que hoy en día mide
más de 97 metros de altura, se disfruta de una maravillosa vista panorámica
de toda la ciudad y de su río, el Guadalquivir.
Desde La Giralda aún
se puede sentir la presencia
de los moros y disfrutar de su grandioso pasado. Sevilla
es una ciudad de contrastes donde se respira
vida, alegría y
fervor religioso. Este carácter único se manifiesta a través
de sus fiestas religiosas y profanas como por ejemplo, la celebración
de la Semana Santa que data
del siglo XVI y que surgió para recordar la pasión de Cristo a la humanidad.
Las famosas procesiones
con sus pasos,
El Cristo del gran poder
o la “Macarena” (imagen
de una de las vírgenes más populares de Sevilla),
recorren las calles sevillanas ante el calor humano, el fervor y aún el
espíritu de diversión tan típico del pueblo andaluz.
Los pasos son “llevados
a hombros” por los miembros de las Cofradías
que están formadas por grupos de hombres de las distintas parroquias.
Estos hombres, llamados Nazarenos, van vestidos con largas túnicas, con el rostro cubierto
y, a veces, descalzos en señal de penitencia.
El silencio de las gentes que participan en dichas procesiones
es interrumpido con frecuencia por el canto de una saeta (cante flamenco espontáneo y triste, a modo de rezo o susurro
religioso, cantado por una sola persona) lo que incrementa el ambiente
solemne y devoto de la Semana Santa.
Semanas
más tarde se celebra la mundialmente conocida Feria de Abril que, en principio, fue sólo un mercado de ganado y
que hoy en día, debido a su aceptación y a su gran acogida por la gente
local y del entorno, no sólo sigue en pleno vigor sino que se ha ampliado
atrayendo a gente de toda
España y del extranjero y llenando la ciudad los
seis días y noches que dura
la Feria. Durante
este tiempo, Sevilla se reviste
de alegría y color; las mujeres
con sus típicos trajes
de gitana y con sus
flores en el pelo se pasean en las vistosas carrozas
(adornadas también de flores) por las calles llenas de color, haciendo
un auténtico derroche de belleza y gracia, típicos de la mujer andaluza.
Los visitantes pueden disfrutar del gran Paseo
de caballos, adornados con cascabeles
y guirnaldas de flores, y del colorido de todo el folclore que en esos
días ofrece la ciudad. El
cante flamenco y los bailes (las típicas Sevillanas)
son un espectáculo diario que ocurre noche y día cuando el pueblo sevillano
se desborda en alegría y diversión. La gente trasnocha hasta altas horas
de la madrugada para tomar el delicioso chocolate
con churros tan típico
en toda España. Mención especial merecen los exquisitos platilllos de esta región andaluza, entre los que se encuentran las riquísimas tapas (aperitivos variados) que los españoles disfrutan a distintas horas del día o de la noche y las que, muchas veces, sirven de “comida” en los diversos bares o tascas de la ciudad. Los pinchos morunos, los caracoles, la tortilla de patata o el delicioso bacalao, frito en aceite de oliva, son algunas de las tapas más típicas de esta región. Estas siempre van acompañadas por un vaso de buen vino de Jerez o Manzanilla (otro delicioso vino local), tan exquisito al paladar de españoles como de extranjeros que, entusiasmados, van de bar en bar charlando, cantando e incluso bailando, contagiados de esa alegría y alboroto que sólo la ciudad de Sevilla sabe dar. En estos días de fiesta se olvidan todas las penas para dar paso al calor y al goce de la amistad, amistad que reina en cada uno de los preciosos rincones que ofrece esta magnífica ciudad.
Paco: ¡Sevilla
es fenomenal! Justin: A mí me impresionó la Semana Santa… Paco: A mí las mujeres me parecieron guapísimas y… ¡me encantó el chocolate con churros! Justin: ¡Yo no me voy de Sevilla! Y tú… ¿qué aprendiste de Sevilla? |