Lectura 3

  Sevilla, una enciclopedia de historia

 

            

 

Sevilla, ciudad  de fama universal, fue, y sigue  siendo, un centro cultural de gran importancia.  Ocupada por los musulmanes durante casi ochocientos años, aún hoy en día mantiene el espíritu y el arte de la cultura musulmana.

Habitada por distintos pueblos, entre ellos tartesos,  fenicios, cartagineses y romanos, es una expresión viva de la diversidad de su gran cultura.  Sevilla, cuna de Santa Justa y Santa Rufina, mártires y patronas de la ciudad, tiene un carácter histórico y religioso.  Su magnífica catedral llamada “la grande” por su grandiosidad, es visitada por millones de turistas durante todas las épocas del año.  Esta obra de arte, herencia de una mezquita árabe, se comenzó a construir en el  siglo XI,  después de la Reconquista, y su edificación duró casi cinco siglos.  El estilo predominante de esta catedral es gótico tardío y también tiene rasgos renacentistas.

La catedral está dividida en cuatro partes:  El Patio de los Naranjos, la Catedral, el Sagrario y  La Giralda (campanario o torre), el gran amor de todos los sevillanos.  Desde La Giralda, que en aquella época era la torre más alta del mundo y que hoy en día mide más de 97 metros de altura, se disfruta de una maravillosa vista panorámica de toda la ciudad y de su río, el Guadalquivir.  Desde La Giralda aún se puede  sentir la presencia de los moros y disfrutar de su grandioso pasado.

Sevilla es una ciudad de contrastes donde se respira  vida,  alegría y  fervor religioso. Este carácter único se manifiesta a través  de sus fiestas religiosas y profanas como por ejemplo, la celebración de la Semana Santa que data del siglo XVI y que surgió para recordar la pasión de Cristo a la humanidad.  Las famosas procesiones con sus pasos,  El Cristo del gran poder o la  “Macarena”  (imagen de una de las vírgenes más populares de Sevilla), recorren las calles sevillanas ante el calor humano, el fervor y aún el espíritu de diversión tan típico del pueblo andaluz.  Los pasos son “llevados a hombros” por los miembros de las Cofradías que están formadas por grupos de hombres de las distintas parroquias.  Estos hombres, llamados Nazarenos, van vestidos con largas túnicas, con el rostro cubierto y, a veces, descalzos en señal de penitencia.  El silencio de las gentes que participan en dichas procesiones es interrumpido con frecuencia por el canto de una saeta (cante flamenco espontáneo y triste, a modo de rezo o susurro religioso, cantado por una sola persona) lo que incrementa el ambiente solemne y devoto de la Semana Santa.

Semanas más tarde se celebra la mundialmente conocida Feria de Abril que, en principio, fue sólo un mercado de ganado y que hoy en día, debido a su aceptación y a su gran acogida por la gente local y del entorno, no sólo sigue en pleno vigor sino que se ha ampliado atrayendo  a gente de toda España y del extranjero y llenando la ciudad los seis días y noches  que dura la Feria.   Durante este tiempo, Sevilla se reviste de alegría y color;  las mujeres  con  sus típicos trajes  de  gitana y con sus flores en el pelo se pasean en las vistosas carrozas (adornadas también de flores) por las calles llenas de color, haciendo un auténtico derroche de belleza y gracia, típicos de la mujer andaluza.  Los visitantes pueden disfrutar del gran Paseo de caballos, adornados con cascabeles y guirnaldas de flores, y del colorido de todo el folclore que en esos días ofrece la ciudad.  El cante flamenco y los bailes (las típicas Sevillanas) son un espectáculo diario que ocurre noche y día cuando el pueblo sevillano se desborda en alegría y diversión. La gente trasnocha hasta altas horas de la madrugada para tomar el delicioso chocolate con churros  tan típico en toda España.

Mención especial merecen los exquisitos platilllos de esta región andaluza, entre los que se encuentran las riquísimas tapas (aperitivos variados) que los españoles disfrutan a distintas horas del día o de la noche y  las que, muchas veces, sirven de “comida”  en los diversos bares o tascas de la ciudad.  Los pinchos morunos, los caracoles, la tortilla de patata o el delicioso bacalao, frito en aceite de oliva, son  algunas de las tapas más típicas de esta región.  Estas siempre van acompañadas por un vaso de buen vino de Jerez o Manzanilla (otro delicioso  vino local), tan exquisito al paladar de españoles como de  extranjeros que, entusiasmados, van de bar en bar charlando, cantando e incluso bailando, contagiados de esa alegría y alboroto que sólo la ciudad de Sevilla  sabe dar.  En estos días de fiesta se olvidan todas las  penas para dar paso  al calor y al  goce de la amistad, amistad que reina en cada uno de los preciosos rincones  que ofrece esta magnífica ciudad.

  ¿Qué opinan de Sevilla Paco y Justin?

 

                         

Paco:          ¡Sevilla es fenomenal!

Justin:        A mí me impresionó la Semana Santa…

Paco:           A mí las mujeres me parecieron guapísimas y… ¡me encantó el chocolate

                     con churros!

Justin:        ¡Yo no me voy  de Sevilla!

Y tú… ¿qué aprendiste de Sevilla?